Juan Camilo Cárdenas Campo 2009

Jueves 10 de Septiembre del 2009
Buenas noches.

Quiero comenzar por agradecer a la Fundación Alejandro Ángel Escobar y a los jurados de este año el haber seleccionado este trabajo de investigación. Quiero también felicitar a los colegas que reciben hoy los demás premios y menciones de honor en ciencias y solidaridad.

Cuando Camila Botero me llamó con la noticia del jurado, llamé inmediatamente a mi familia y les dije, “Nos ganamos el premio de ciencias Alejandro Angel Escobar!”. Este premio es de todos en la casa. Liliana, Emilia y Pablo me han acompañado de mil formas en estos caminos, escuchando lo que pasa en el trabajo de campo o en la universidad. A ellos está dedicado el libro y por ellos se mantienen las ganas de seguir en este oficio.

El resto de motivaciones surge de lo que es Colombia en un momento como el actual. La construcción de lo colectivo, y en particular en la problemática ambiental, requiere ser consecuentes con la realidad de un país en donde algo así como el 40% del territorio continental se encuentra bajo formas de acceso colectivo a los recursos naturales en sus resguardos indígenas, títulos a comunidades negras y parques nacionales, y donde compartimos cada día cientos de miles de hectáreas en los márgenes de quebradas y ríos. Si a ellos agregamos más de 3 mil kilómetros de costas y casi un millón de kilómetros cuadrados de área marítima, nos encontramos con una realidad ambiental y social que nos obliga a estudiar y ojalá intervenir, con herramientas en donde las formas comunitarias locales y globales sean tan protagonistas como el estado y el mercado, que como bien sabemos tienen serios limitantes en nuestro contexto.

Es entonces urgente comprender cómo se construye comunidad para manejar nuestros espacios comunes. Dos realidades en Colombia aparecen en este reto: una estructura social con profundas desigualdades económicas y un estado que tiene muy limitadas capacidades de regulación en estos territorios colectivos. Construir “comunidad” en medio de estas desigualdades y de un estado limitado podría encontrar algunas luces en las formas de auto-gobierno que como ya sabemos pueden funcionar, tal vez aprendiendo de nuestra diversidad cultural, o al menos recurriendo a fundamentos como la confianza, el altruismo, las normas sociales o la reciprocidad, que han evolucionado en la especie humana por miles de años y que hoy transforman la industria musical, la industria del software, wikipedia, o las demás redes de colaboración en internet.

Combinar métodos de diferentes ciencias sociales puede darnos otra mano en el reto. Esta investigación hizo buen uso de experimentos económicos, talleres y encuestas. Pero quiero especialmente resaltar la importancia de incluir en esas herramientas el tener conversaciones frecuentes con nuestros maestros y mentores, con nuestros colegas, con nuestros estudiantes y, especialmente en mi caso, con las personas de las comunidades rurales que abren sus puertas al investigador.

Escuchar a cada uno de ellos a través de una relación horizontal, creando redes en lugar de jerarquías, me ha permitido crecer cada día en este camino. Este trabajo de investigación es el resultado de muchas de esas conversaciones y en ese sentido este premio es un tributo a esas ideas que van y vienen cuando me encuentro con esos maestros, colegas, estudiantes, pescadores, madereros, campesinos, bejuqueros o piangüeras.

Quiero dar las gracias a cada uno de ellos y espero seguir conversando de esta manera, en una red de amigos y en una red de ideas.

Muchas gracias.