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Estimados concursantes, colegas e invitados , señoras y señores...
Tengo el honor de dirigirme a ustedes a nombre del jurado del premio en Ciencias de la Fundación Alejandro Ángel Escobar, para anunciar sus ganadores y compartir unas cortas reflexiones en torno a la ciencia y la investigación.
El hombre ha sentido desde tiempos inmemoriales la necesidad de adelantarse al incierto futuro y esta necesidad lo ha llevado, como llevó a los habitantes de la Mesopotamia de hace cinco o seis mil años a transitar por el camino de lo que hoy llamamos Ciencias.
La ciencia, vista en esta perspectiva, ha sido una empresa cooperativa. Parafraseando a Newton, los científicos de hoy se paran en los hombros de los gigantes de ayer, en sus hombros se pararán los científicos de mañana. Para poder percibir, registrar y verificar los patrones de regularidad que ofrecen la naturaleza o las sociedades, hay que ir paso a paso y requiere el trabajo paciente, tesonero, honesto y generoso de muchas personas, a veces por muchas generaciones. Basta pensar en que puede sobrepasar el tiempo de vida de un individuo, el registro de que por cierto lugar, en cierto momento del año y a cierta hora aparece tal estrella. Observar detenidamente, preguntarse ¿Qué pasa? Registrar cuidadosamente los datos, tal vez haciendo muescas en un hueso, colocar allí una piedra y luego un monumento, podría ser la historia de Stonehenge, Chichen Itzá o nuestro Infiernito, responsables de la medición del tiempo e indispensables en la vida material y cultural de las comunidades que los construyeron. Ellos son los predecesores del Hubble y los grandes telescopios del siglo XXI, que nos permiten atisbar hoy el nacimiento del tiempo.
En el camino, el hombre ha tenido también que inventar maneras de representar y preservar lo que piensa, siente y descubre y en ese intento han nacido las escrituras y las matemáticas.
Las respuestas parciales a las inquietudes, necesidades y preguntas que han ido surgiendo, han pasado de generación en generación y han ido construyendo los anteojos con los que hoy vemos al hombre, a la sociedad y a su entorno. Unos han contribuido con nuevas preguntas, otros con hipótesis revolucionarias, otros con el desarrollo de instrumentos materiales o intelectuales, que han potenciado las capacidades del hombre y le han abierto nuevos horizontes, y muchos han contribuido, como las abejas de la colmena, a comprobar la verdad o falsedad de las teorías, usando como instrumentos sus visiones, la razón, la honestidad, la libertad y la autonomía. Entre todos, ladrillo a ladrillo, han ido construyendo aquella magnifica torre de Babel sobre la que se ha parado cada generación a desentrañar el pasado y a avizorar y tratar de adelantarse al porvenir.
La primera responsabilidad de ustedes es por tanto contribuir a esa construcción.
Otra de las responsabilidades, que ejercemos en reuniones como ésta, es acercar la ciencia y sus resultados al país, con la ilusión de que inspiren y soporten los procesos de toma de decisiones de quienes tienen en sus manos su conducción.
Pero no puedo dejar de mencionar otra de nuestras responsabilidades: desarrollar y fomentar a lo largo de nuestro sistema educativo el pensamiento científico y crítico. El niño es por naturaleza curioso e inquisitivo, y es más fácil castrar esa cualidad que cultivarla! Los invito a “echarle un ojo” a nuestros procesos educativos para ver cómo se está formando la generación que les hará el relevo. ¿Qué tanto propicia nuestra educación la observación, la reflexión y la autonomía en niños y jóvenes? ¿Qué tanto los invita a preguntar y buscar respuestas, más que a tragar y regurgitar luego lo que les embute? Compartimos la responsabilidad de ofrecer a todos nuestros estudiantes la oportunidad de una educación de calidad, base indiscutible de una sociedad equitativa y próspera. Solo ampliando en calidad y cantidad la base de personas interesadas por las ciencias podremos hacer el cambio cualitativo que requerimos.
Volviendo a aquella magnifica torre en espiral, que desafía a Dios como en el relato bíblico, su construcción ha sido y es el resultado del trabajo de todos aquellos que como ustedes, se han dedicado a hacer ciencia. No son muchos los que osan consagrar su vida a este esfuerzo, por eso los pocos que deciden hacerlo son un tesoro que la sociedad debe apreciar y reconocer, como hace hoy la Fundación Alejandro Ángel Escobar. El estimulo ofrecido gracias a la generosidad de instituciones e individuos como don Alejandro, es responsable en buena parte del desarrollo actual de la ciencia. El científico en general ofrece generosamente su trabajo a sus colegas y a la sociedad, por eso estos reconocimientos son ante todo un deber que tenemos con ellos.
Una pequeña muestra de lo que hacemos en ciencias en el país nos la ofrece este premio de la Fundación Alejandro Ángel Escobar. Este año se presentaron al concurso cien trabajos, en las áreas de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Ciencias Sociales y Humanas y Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. Algunos eran investigadores jóvenes que presentaban al concurso los resultados de sus tesis de pregrado, magister o doctorado, otros, investigadores veteranos que presentaban resultados de largos años de estudio y dedicación a un tema. Hay trabajos individuales y hay trabajos de grupos y centros, redes e instituciones en los que participan profesores y estudiantes. Hay quienes estudian preguntas universales de la ciencia, quienes han traído a la mirada de nuestros contextos las estrategias y conocimientos adquiridos en otros ambientes académicos, y quienes entregan al acervo de conocimientos universales nuevas visiones acerca de nuestra cultura. Todos son valiosos. Tanto la idea maravillosa que surge en un momento de iluminación y cambia la visión del mundo, como los años de sudor que se requieren posteriormente para darle cuerpo. Debemos mencionar que recibimos también trabajos que no presentan el rigor y el empeño de una investigación en ciencias.
Luego de un proceso largo y difícil, pero maravilloso y enriquecedor, en el cual tuvimos que leer arrobas de libros y trabajos, después de numerosas discusiones, relecturas y reflexiones, llegamos por unanimidad a los tres premios que entregamos hoy. Los criterios que acogimos desde el inicio del proceso fueron: contribución al campo en el cual se presenta la investigación y calidad del trabajo. La calidad indiscutible de muchos de los proyectos hizo que nuestra labor fuera particularmente difícil y nos llevó a conceder menciones de honor a otros cuatro de los concursantes.
Permítanme hacer una breve relación de los ganadores.
El premio en Ciencias Exactas, Físicas y Naturales es para Marlene Jiménez del Rio y Carlos Vélez Pardo, biólogos, profesores e investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, por el trabajo: Modelo in vitro e in vivo de estrés oxidativo en la enfermedad de Parkinson y Alzheimer: Aplicaciones terapéuticas. Con él contribuyen a la comprensión de los mecanismos que intervienen en la muerte neuronal en enfermedades neurodegenerativas y abren caminos terapéuticos a las enfermedades de Alzheimer y Parkinson.
En Ciencias Sociales y Humanas el premio es para Karl Langebaek Rueda, antropólogo y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, quien en su libro: Los herederos del pasado. Indígenas y Pensamiento criollo en Colombia y Venezuela, cuestiona el fundamento de nuestra identidad al plantear y sustentar cómo el criollo ha ido construyendo una imagen idealizada de sí mismo, al elaborar una imagen del indio, independientemente de los datos que proveen la antropología o la etnología.
El premio en Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible es para Juan Camilo Cárdenas Campo, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, por el libro: Dilemas de lo colectivo: Instituciones, pobreza y cooperación en el manejo de los recursos de uso común. El proyecto estudia los dilemas que surgen entre las necesidades e intereses privados y los colectivos, cuando se enfrentan al manejo de bienes de uso común. Analiza la complejidad del problema y presenta importantes avances en torno a la pregunta: ¿Qué factores individuales o institucionales afectan la decisión de un individuo de cooperar para lograr un aprovechamiento sostenible de recursos de uso común?
Se conceden Menciones de Honor a los siguientes trabajos:
En el área de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, al trabajo: Bloquear las proteínas HSC70, Alfavbeta 3 y PDI en vellosidades intestinales o tratar los ratones lactantes con N-Acetilcisteína inhibe la infección de Rotavirus, presentada por Carlos Arturo Guerrero Fonseca, médico y profesor de la Universidad Nacional de Colombia y su grupo conformado por Ana Yadira Santana, bacterióloga, y Paula Vianey Pardo y María Andrea Murillo, biólogas. Entre los aportes de este estudio están: el utilizar por primera vez la técnica de cultivo in vitro de vellosidades intestinales, el uso de un medicamento común para combatir la enfermedad y abrir puertas a nuevos tratamientos para otras patologías del sistema digestivo.
En Ciencias Sociales y Humanas se otorgan dos Menciones de Honor.
Una de ellas es para el trabajo: Un Reino Nuevo. Geografía política, pactismo y diplomacias durante el interregno en Nueva Granada (1808 – 1816) presentado por Daniel Gutiérrez Ardila, historiador, docente e investigador de la Universidad Externado de Colombia. El trabajo, que corresponde a su tesis de doctorado, ofrece una visión diferente a las relaciones entre las provincias de la Nueva Granada durante el período de ausencia de poder causado por el colapso del imperio español. Muestra cómo se tejieron las luchas internas entre federalistas y centralistas que llevaron a la conformación de la organización política actual.
Otra de las Menciones de Honor es para el libro: El Desplazamiento forzoso en Colombia: un camino sin retorno hacia la pobreza, de Ana María Ibáñez, economista, profesora de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes. Su trabajo ofrece un análisis pormenorizado y cuantitativo, desde una perspectiva económica, del impacto del desplazamiento forzado en nuestro país. Se muestran evidencias de la magnitud del problema y se dan recomendaciones de políticas públicas que podrían mitigar su impacto.
En el área de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible recibe Mención de Honor el trabajo: Volver al África: biología, ecología y control biológico de la broca del café en su área de origen, tesis doctoral de Juliana Jaramillo en la Universidad de Hannover. El estudio ofrece avances en la comprensión de la broca del café, su control biológico y los posibles impactos que el incremento de temperatura resultante del cambio climático global, puede tener en el control de esta plaga.
Como ven, ellos y los demás concursantes han contribuido con sus resultados a colocar nuevas piezas invaluables en el rompecabezas que la humanidad se ha puesto por tarea armar. A todos ellos, que trabajan por el futuro, nuestro reconocimiento y nuestras felicitaciones.
A la Fundación Alejandro Ángel Escobar y a Camila Botero, su directora, nuestros agradecimientos por la oportunidad de compartir este trabajo y la confianza depositada en nosotros para llevar a cabo tan delicada e importante labor.
Los miembros del jurado: Andrés Etter, Clemente Forero, Jorge Orlando Melo, Alberto Vélez y Margarita Botero de Meza
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