
Quienes quieran revivir o recordar esta noche de reconocimiento a la ciencia y la solidaridad pueden ver la ceremonia completa haciendo clic aquí.
¿Qué tienen en común un mosquito diseccionado en un laboratorio, una montaña que nadie puede ver porque comienza a más de 1.500 metros bajo el mar, un cacique muisca que viajó hasta la corte de Felipe II y una red de mujeres que nació para protegerse en medio de la guerra? Todos forman parte de los trabajos científicos e instituciones de solidaridad reconocidas este año por los Premios Nacionales Alejandro Ángel Escobar, que desde 1955 distinguen algunos de los aportes más sobresalientes al conocimiento y al trabajo solidario en Colombia.
“Hay algo que atraviesa a los ganadores de este año: todos decidieron mirar donde era más fácil pasar de largo, y hacerlo durante el tiempo que fuera necesario. De eso hablan estos premios: de la atención sostenida como una forma de conocimiento, pero también como una forma de cuidado”, señaló Adriana Correa Velásquez, directora ejecutiva de la FAAE.
En Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, el Premio fue otorgado a ocho investigadores de la Universidad El Bosque que durante más de veinte años han seguido mosquitos, jejenes y los virus que transmiten desde el territorio hasta el laboratorio, para entender qué ocurre antes de que los brotes lleguen a los hospitales. Los científicos capturan los insectos en ciudades, zonas rurales y bosques; identifican las especies y los virus que llevan consigo y siguen el recorrido del virus dentro del insecto para establecer si logra superar las barreras de su organismo y llegar hasta las glándulas salivales, desde donde podría transmitirse durante una picadura. Ese recorrido, del ecosistema a la escala microscópica, les ha permitido identificar cambios en la distribución de los vectores y aportar nuevas herramientas para el diagnóstico y la vigilancia de estas enfermedades en Colombia.
El Premio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible —Camila Botero Restrepo— reconoció a un equipo de 15 investigadores de INVEMAR y Parques Nacionales Naturales de Colombia que se internó en uno de los territorios menos conocidos del Caribe colombiano: la Cordillera Submarina Beata. Durante 55 días y cerca de 4.200 millas de navegación, combinaron hidroacústica, ADN ambiental y un vehículo operado remotamente que descendió hasta casi 3.000 metros para revelar la vida de sus profundidades. Esa expedición produjo la evidencia científica que sustentó, en 2022, la declaratoria de una reserva natural de 3,3 millones de hectáreas: un territorio submarino casi del tamaño de Bélgica.
En Ciencias Sociales y Humanas, el Premio reconoció al historiador colombiano Santiago Muñoz-Arbeláez por una investigación que replantea la conquista y el nacimiento del orden colonial. En 1584, un cacique muisca cruzó el Atlántico, llegó hasta la corte de Felipe II y puso ante el rey dos mapas y sus propias recomendaciones sobre cómo debería gobernarse el Nuevo Reino de Granada. A partir de más de 700 documentos, mapas y objetos, The New Kingdom of Granada: The Making and Unmaking of Spain’s Atlantic Empire muestra que aquel reino tardó casi un siglo en tomar forma. Los pueblos indígenas litigaron, hicieron mapas, intervinieron en las instituciones coloniales y también construyeron proyectos de resistencia.
En Solidaridad, el Premio reconoció a la Asociación Alianza Departamental de Organizaciones de Mujeres Tejedoras de Vida del Putumayo, nacida en 2005, cuando maestras, campesinas, indígenas, afrodescendientes, mujeres urbanas y víctimas comenzaron a juntarse en medio de la guerra con una idea elemental: si estaban unidas, podrían protegerse. Dos décadas después, aquella red articula 65 organizaciones y cerca de 2.000 mujeres en los 13 municipios del Putumayo y ha participado en la construcción de una política pública departamental y siete municipales. Lo que empezó como una forma de protegerse unas a otras terminó convirtiéndolas en una fuerza capaz de incidir en las decisiones públicas y cuidar su territorio.
El otro Premio de Solidaridad fue para la Fundación Actitud Resiliente, que trabaja en el área metropolitana de Cúcuta, acompañando a niños, adolescentes y jóvenes en contextos de alta vulnerabilidad. Su trabajo parte de una pregunta: cuando un joven atraviesa una crisis de salud mental, recibe atención y regresa a su casa, ¿quién lo espera? La Fundación conecta colegios, familias, voluntarios y atención especializada para acompañar problemas de salud mental y el consumo problemático de sustancias.
“En Solidaridad, los jurados plantearon una cuestión importante: una organización no tiene que volverse enorme para ser indispensable. Importa cuántas personas alcanza, pero también cómo las acompaña. No queremos que el tamaño nos impida reconocer la profundidad, ni que la urgencia termine decidiendo qué merece nuestra atención”, concluyó Adriana Correa Velásquez.
Además de los cinco Premios Nacionales, los jurados concedieron siete Menciones de Honor. Sus investigaciones viajan de las primeras grabaciones musicales de América Latina y las porcelanas chinas que llegaron a la Nueva Granada, a galaxias que conservan rastros de materia oscura, nanomateriales capaces de transformar petróleo pesado y carreteras que abren paso a la deforestación amazónica. También reconocieron una investigación sobre una Leticia que cambia con las crecientes y vaciantes del río Amazonas. En Solidaridad, Botellas de Amor recibió una Mención de Honor por convertir plásticos flexibles recolectados por miles de personas en material para construir viviendas.
Por segundo año consecutivo, la FAAE apostó por el arte como parte de la entrega de sus Premios Nacionales. La ceremonia tuvo su propia pieza: ATLAS, una creación audiovisual experimental concebida y dirigida por el artista Andrés García La Rota. Los artistas Andrés García La Rotta (director), Juan David La Rota (visualización de datos) y Diego Taborda (mezcla en vivo) tomaron como materia prima las investigaciones y trabajos reconocidos este año. Datos científicos, mapas, archivos, imágenes y palabras entraron en diálogo con herramientas algorítmicas e inteligencia artificial para convertirse en materia artística. La obra partió de una idea que atraviesa el arte contemporáneo: que una obra no termina en aquello que vemos, sino en aquello que consigue hacernos sentir. ATLAS volvió a mirar desde el arte para intentar, en palabras de sus creadores, “hacer visible lo invisible”.
Creada en 1955, la Fundación Alejandro Ángel Escobar fomenta y reconoce la ciencia y la solidaridad en Colombia. En 71 años ha entregado 573 premios y menciones de honor, 181 apoyos a estudiantes de pregrado y maestría a través de las Becas Colombia Biodiversa y más de $20.000 millones en premios. Por su trayectoria, sus galardones son conocidos como el “Nobel colombiano”.
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Para información sobre la convocatoria de los Premios de Ciencias y Solidaridad consulte Reglamento, Bases y Requisitos en:
Consultas adicionales las responderemos a partir del 9 de enero de 2025