Declaración del Área Marina Protegida - Cordillera submarina Beata como estrategia de restauración de paisaje en el Caribe colombiano

¿Qué hay en las profundidades del mar Caribe colombiano? Aunque gran parte de nuestro país está rodeada por el océano, todavía conocemos muy poco de lo que ocurre en sus aguas más profundas. La investigación realizada en la Cordillera Submarina Beata representa un paso muy importante para empezar a descubrir ese mundo que permanece oculto bajo el mar y entender por qué es necesario protegerlo.
La Cordillera Submarina Beata es una enorme formación geológica ubicada en el Caribe colombiano. Tiene aproximadamente 450 kilómetros de largo y 300 kilómetros de ancho, y se encuentra a profundidades que van desde los 1.500 hasta los 4.400 metros. Allí existen montes, colinas, mesetas y grandes laderas que forman un paisaje submarino muy diverso. Estas características, sumadas a la dinámica de las corrientes y las masas de agua, crean condiciones que favorecen la existencia de una gran variedad de organismos y ecosistemas.
El objetivo de la investigación fue conocer mejor este territorio y reunir la información científica necesaria para evaluar su importancia y sustentar la propuesta de establecer allí un área marina protegida. Para lograrlo, los investigadores estudiaron diferentes aspectos del lugar: desde su relieve y las condiciones del océano hasta los animales que viven allí, la conectividad con otros ecosistemas del Caribe, las actividades humanas que podrían afectarlo y los aspectos sociales relacionados con su conservación.
Uno de los momentos más importantes del proyecto fue una expedición científica de 55 días y cerca de 4.200 millas recorridas. Durante esta exploración se utilizaron tecnologías que permiten estudiar lugares a los que las personas no pueden llegar fácilmente. Por ejemplo, un vehículo operado remotamente (ROV) permitió observar directamente el fondo marino hasta los 3.000m; sistemas de hidroacústica ayudaron a detectar organismos en la columna de agua; el ADN ambiental permitió identificar especies a partir de las huellas genéticas que dejan en el agua; y equipos oceanográficos especializados permitieron conocer las características de las corrientes y de las masas de agua.
Gracias a la combinación de estas tecnologías fue posible reunir, por primera vez de manera integrada en una zona oceánica profunda de Colombia, información visual, genética, química, acústica y física. Esto permitió mirar la Cordillera Beata desde diferentes perspectivas y comprender mejor cómo funciona este ecosistema.
Los resultados muestran que no se trata simplemente de una formación geológica en el fondo del océano. La Cordillera Beata es un sistema vivo y complejo, donde el relieve submarino, las corrientes, la temperatura, la salinidad, el oxígeno y los nutrientes están conectados y crean diferentes condiciones para la vida marina. La influencia de la Corriente del Caribe y de grandes remolinos parece favorecer el movimiento de aguas frías y ricas en nutrientes, lo que contribuye a mantener una alta productividad biológica en la zona.
La investigación también permitió conocer mejor la biodiversidad que habita en estas profundidades. Se estudiaron organismos tan diferentes como el plancton, animales que viven sobre el fondo marino, peces, aves y mamíferos marinos. Los resultados muestran que la cordillera funciona como un gran sistema ecológico en el que interactúan numerosos grupos de organismos. Además, el uso del ADN ambiental permitió complementar las observaciones tradicionales y ampliar considerablemente el conocimiento sobre las especies presentes, incluyendo aquellas de importancia ecológica o comercial y especies que enfrentan algún grado de amenaza.
¿Por qué es importante conocer todo esto? Porque lo que no conocemos difícilmente podemos protegerlo. Los ecosistemas de aguas profundas son de los ambientes menos explorados del planeta y, al mismo tiempo, pueden ser muy frágiles. La información obtenida en esta investigación permite reconocer qué lugares y procesos naturales son especialmente importantes, entender cómo se relacionan con otros ecosistemas del Caribe central e identificar posibles amenazas que podrían afectarlos.
Pero el aporte de esta investigación fue más allá de descubrir nuevas especies o conocer mejor el fondo del océano. Proporcionó una base científica sólida para tomar decisiones sobre la conservación del patrimonio natural de Colombia, con la declaración en el año 2022 de la primera Reserva Natural Marina de Colombia, La Reserva Natural del Sistema de Parques Nacionales “Cordillera Beata” (Resolución 0672 de 2022). También demuestró que la tecnología, la investigación científica y el trabajo conjunto entre diferentes disciplinas pueden ayudarnos a mirar y comprender una parte del territorio colombiano que, aunque está bajo el agua y lejos de nuestras ciudades y costas, cumple un papel importante en el funcionamiento del Caribe.
En este sentido, la Cordillera Submarina Beata se convierte en una especie de laboratorio natural en las profundidades del Caribe. Su estudio no solo ayuda a responder qué hay allí, sino también cómo funciona, por qué es importante y qué podemos hacer para asegurar que este patrimonio natural pueda mantenerse en el futuro.
Esta investigación representa, así, un avance significativo en el conocimiento de los océanos profundos de Colombia y un paso fundamental para que las decisiones sobre su conservación se construyan sobre evidencia científica. Conocer las profundidades de nuestro mar es también una manera de reconocer que el territorio colombiano no termina en la costa: una parte fundamental de nuestro patrimonio natural se encuentra bajo el océano y todavía tenemos mucho por descubrir.
David Alejandro Alonso Carvajal, Coordinador del Programa de Biodiversidad y Ecosistemas Marinos, Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras "José Benito Vives de Andréis" - INVEMAR
A unos 300 kilómetros de La Guajira, en aguas oceánicas del Caribe colombiano, se levanta una cordillera que ningún ser humano puede recorrer. Beata está completamente sumergida: su punto más alto se encuentra a 1.587 metros bajo el mar y desde allí desciende hasta unos 4.300 metros, entre colinas, valles, escarpes, mesetas y laderas. El territorio seleccionado para su protección abarca 3,3 millones de hectáreas, una superficie ligeramente mayor que Bélgica.
Pero proteger un territorio que casi nadie había visto exigía primero conocerlo. Entre enero y marzo de 2022, geólogos, biólogos, oceanógrafos y otros especialistas dedicaron 55 días y cerca de 4.200 millas de navegación a estudiar Beata. Combinaron hidroacústica, ADN ambiental, mediciones oceanográficas e imágenes submarinas para observar el ecosistema desde escalas extraordinariamente distintas: desde la forma de sus montañas hasta los rastros genéticos que los animales dejan suspendidos en el agua.
Para mirar donde los científicos no podían llegar, un vehículo de operación remota —ROV— descendió hasta 2.925 metros. En 25 inmersiones produjo 35 horas de grabación: sus luces revelaron fondos de sedimentos blandos surcados por madrigueras, fragmentos de conchas y corales y paredes rocosas habitadas por anémonas, esponjas y corales copa. Y apareció la vida: en el área propuesta para la reserva se registraron 188 especies o unidades taxonómicas operacionales.
La investigación mostró también que Beata no es una cordillera aislada: por sus aguas pasan rutas migratorias de tortugas marinas y tiburón ballena.
Conocerla permitió protegerla. La evidencia obtenida sirvió para delimitar el área, establecer sus objetivos de conservación y sustentar la declaratoria, en 2022, de la Reserva Natural Cordillera Submarina Beata.
Más información: David Alejandro Alonso Carvajal
david.alonso@invemar.org.co
(+57) 300 816 4532
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