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Evaluar entre pares: el corazón de un premio que cumple más de 70 años reconociendo a Colombia

FAAE

Izq. -Der. Paula Andrea Bedoya Morales, directora ejecutiva de la Fundación Antioqueña de Infectología - FAI, Premio Nacional de Solidaridad, Andrea Escobar Hoyos, jurado de Solidaridad, Luz Adriana Manrique Galeano, integrante de la Fundación Antioqueña de Infectología - FAI, Sandra Zuluaga Sánchez, jurado de Solidaridad, Paula Villada Velez, Directora Ejecutiva de la Fundación Corazón Verde, Premio Nacional de Solidaridad, y Walter Osorio Zapata, integrante de la Fundación Antioqueña de Infectología - FAI

Cada año, antes de que se conozca un solo ganador, ocurre algo que pocas veces se cuenta: un grupo de profesionales con trayectorias consolidadas se sienta a leer, discutir y decidir colectivamente qué significa el aporte al país desde la ciencia y la acción social. Ese proceso es el núcleo de los Premios Nacionales de Ciencias y Solidaridad Alejandro Ángel Escobar.

Este proceso no es accesorio. Es el mecanismo que la FAAE ha construido durante décadas para garantizar que el reconocimiento responda a criterios claros, impacto y rigor. A través de este modelo, la Fundación no solo entrega un premio: define, con base en evidencia y deliberación experta, qué iniciativas y trayectorias representan un verdadero aporte para Colombia.

Ese modelo tiene nombre: evaluación por pares. Su principio es simple: un trabajo debe ser evaluado por personas con la experiencia suficiente para comprenderlo desde la práctica. Este enfoque, ampliamente utilizado en la ciencia para validar investigaciones, permite que las decisiones se basen en conocimiento directo del campo y no en apreciaciones externas.

Quiénes evalúan

La FAAE aplica este modelo tanto en Ciencias como en Solidaridad. En más de 70 años, 246 profesionales han evaluado trabajos en Ciencias y 176 en Solidaridad. Los perfiles responden a la naturaleza de cada categoría. En Ciencias participan profesores e investigadores universitarios, ganadores de versiones anteriores del Premio y académicos sugeridos por el Consejo Directivo. En Solidaridad, gestores sociales, directores de fundaciones, incluidas organizaciones que han sido reconocidas por la FAAE,  y académicos del sector.

La convocatoria se ajusta a las necesidades de cada año y uno de los principios centrales es la independencia. Los jurados no pueden tener vínculos directos con las organizaciones o investigaciones postuladas. Por ejemplo, no pueden pertenecer al mismo departamento académico de un participante ni haber trabajado directamente con quien lidera la propuesta.

En 2025, Sandra Zuluaga, directora de la Fundación Ratón de Biblioteca, organización ganadora del Premio en años anteriores, integró el jurado de la categoría Solidaridad. Su caso no es excepcional: es frecuente que quienes han sido reconocidos regresen como jurados, precisamente por su conocimiento del proceso. Para Zuluaga, “ser jurado es una oportunidad única de adentrarse en el mundo social del país, identificar problemáticas, maneras de afrontarlas y las capacidades que tienen las organizaciones para comunicar lo que hacen y hacer visible su impacto”.

La evaluación comienza con una lectura individual de cada postulación. “Realicé una lectura de todo el material y luego una revisión detallada de acuerdo con los parámetros establecidos”, explica Zuluaga. Este primer momento permite analizar trayectoria, resultados, estructura institucional y alcance del impacto.

Luego, el proceso se vuelve colectivo. Los jurados contrastan sus lecturas y discuten cada caso. “Tuvimos la oportunidad de conocer los puntos de vista de cada cual e intercambiar de acuerdo con los parámetros”, señala. En ese intercambio se construye la decisión: no como suma de opiniones individuales, sino como resultado de una deliberación entre pares.

A esto se suma la coordinación del proceso por parte de la Fundación, que aporta contexto y memoria institucional, y, cuando es necesario, las visitas de campo. “Las visitas a las instituciones finalistas son fundamentales para contrastar la información escrita con los testimonios y tener mayor claridad sobre los resultados reales y el impacto institucional”, afirma Zuluaga.

Evaluar lo diverso: una lectura del país 

Uno de los principales retos del proceso es la diversidad de las iniciativas. Las organizaciones provienen de contextos distintos, con niveles desiguales de desarrollo institucional y acceso a recursos. Para abordarlo, la Fundación ha definido criterios comunes que permiten compararlas con mayor precisión.

“Los parámetros establecidos son claros y precisos; con ellos se puede establecer una escala de calificación clara y justa”, explica Zuluaga.

Más allá del resultado, la evaluación ofrece una mirada sobre el país. Al revisar las postulaciones, el jurado identifica tendencias y brechas. “Es muy notoria la diferencia entre las organizaciones de las grandes ciudades y de los municipios pequeños. Se evidencia la falta de participación estatal en los territorios más alejados y que las donaciones y patrocinios de empresas son más restringidos”, señala.

Para las organizaciones, postularse implica también un ejercicio de documentación y síntesis. “La participación en el premio permite recoger resultados y organizar la información institucional de cara a otros”, explica Zuluaga. El reconocimiento fortalece su visibilidad y reputación.

El modelo de evaluación por pares es una decisión central de la Fundación. En los Premios Nacionales de Ciencias y Solidaridad, este principio permite evaluar desde la práctica tanto la producción de conocimiento como las iniciativas que transforman realidades sociales. En esa deliberación colectiva se establece, con criterios y evidencia, qué trabajos e iniciativas merecen ser reconocidos y por qué.

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